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Publicado el 13/05/2008, por Ángeles Gómez. Madrid
Los hospitales albergan más de una centena de bacterias que se han hecho fuertes en ese medio y que constituyen una amenaza vital para pacientes graves y debilitados.
La bacteria Acinetobacter baumanii está en sus días de fama al figurar como la principal sospechosa de la muerte de decenas de enfermos ingresados en la UCI del Hospital Doce de Octubre de Madrid. Pero en otros episodios similares, la notoriedad ha recaído en Streptococcus pneumoniae, Staphylococcus aureus, Enterobacter...
La lista de bacterias que se han hecho fuertes en los hospitales y que amenazan la vida de los pacientes más vulnerables supera la centena. Lo peor es que los expertos reconocen que son enemigos que nunca van a ser completamente derrotados. "Debemos asumir el riesgo de estas infecciones como parte del precio de mantener con vida a pacientes muy complicados, como son los ancianos, los inmunodeprimidos o los politraumatizados", indica el profesor de investigación Fernando Baquero, del Servicio de Microbiología del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid.
Según este experto, la tasa de infecciones nosocomiales (adquiridas en los hospitales) en España se sitúa en torno al 6%, "igual que en el resto de los países de nuestro entorno", pero será difícil mejorar el dato, ya que "la práctica médica cada vez es más complicada: las técnicas son complejas y permiten sobrevivir a enfermos en condiciones muy delicadas". El Estudio de Prevalencia de las Infecciones Nosocomiales en España (Epine) apunta que cada año 300.000 personas contraen una infección hospitalaria, de las que 6.000 fallecen, y el coste asociado a estos casos es de 500 a 700 millones de euros al año.
El panorama no es más halagüeño en otros países desarrollados. En Estados Unidos, dos millones de personas sufren una infección hospitalaria cada año, de las que 88.000 mueren y el coste asociado es de 4.500 millones de dólares (2.907 millones de euros).
Cerco al enemigo
La estrategia que siguen los hospitales para neutralizar los focos infecciosos consiste en realizar análisis a los pacientes ingresados para determinar si son portadores de alguna bacteria, unas pruebas que se repiten periódicamente durante el tiempo que permanece ingresado.
Cuando los análisis revelan la presencia de un mismo germen en varios pacientes, desde el servicio de microbiología se alerta al de medicina preventiva para que adopte las medidas precisas para contener el brote, algo que en muchas ocasiones es difícil de conseguir. Jesús Rodríguez Baño, de la sección de Enfermedades Infecciosas del Hospital Virgen Macarena de Sevilla subraya que "los hospitales hacen lo que pueden para mantener la seguridad del paciente. La aparición de estos brotes no significa que el hospital haya hecho mal las cosas. La clave está en reconocer que la epidemiología y el tratamiento de las bacterias resistentes puede ser muy compleja, por lo que es absolutamente necesario que existan equipos que trabajen en su control, con la participación de infectólogos y microbiólogos".
Precisamente, la falta de personal cualificado es una de las causas que apuntan los sindicatos para explicar que el brote por Acinetobacter baumanii del Doce de Octubre se haya prolongado durante más de año y medio. Y este es el mayor peligro que detecta Fernando Baquero para el futuro: "Muchos de los hospitales de reciente creación carecen de microbiólogos, y tememos que esto retrase la detección y comunicación de brotes infecciosos".
Lávese las manos doctor
La sociedad tiene un alto reconocimiento de la labor que realizan los médicos y enfermeras que trabajan en las Unidades de Cuidados Intensivos, pero muchas veces, la urgencia que exige la atención a un paciente crítico, puede llevarles a no ser absolutamente escrupulosos en el lavado de las manos y se convierten en un vehículo de infecciones.
Un estudio americano presentado en la Conferencia de Agentes Antimicrobianos de San Diego deice que "lavarse las manos es una sencilla forma de prevenir la propagación de gérmenes, aunque el jabón puede no ser suficiente", indica Michael Schultz, del Centro de Veteranos de Washington y autor del estudio, que indica que la aplicación durante 10 segundos de una solución de alcohol reduce un 21% la propagación de ciertas bacterias.
Otro trabajo realizado en la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, realizado sobre 655 médicos y enfermeras encontró que los profesionales que llevaban relojes de muñeca tenían un 25% más de ‘Staphylococcus aureus’ (una de las bacterias más peligrosas de las UCI).
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