Publicado el 28/04/2008, por
Con la perspectiva y la serenidad de juicio que da el paso del tiempo, pocos pueden negar la contribución de la patronal CEOE de José María Cuevas a la consolidación de la democracia y a la modernización económica de España.
Junto a los dos grandes sindicatos, CCOO y UGT, la Confederación ha ayudado a construir un modelo de diálogo industrial que ha permitido atenuar el conflicto social en la transformación del tejido productivo español, consolidar el Estado del Bienestar y favorecer la evolución de las empresas, algunas de las cuales se han convertido en importantes multinacionales.
Sin embargo, y al margen de que Cuevas permaneció demasiado tiempo en la presidencia de CEOE –23 años–, la economía evoluciona constantemente. Máxime, cuando, con todos sus defectos, España es uno de los países más abiertos del mundo, y sus empresas ya no hacen frente a la competencia y los factores del mercado nacional, sino al de la Unión Europea, y hasta mundial, como está demostrando la actual crisis financiera, que empezó en Estados Unidos y se ha extendido por todo el orbe.
Las empresas, y las organizaciones que las agrupan en defensa de sus intereses, tienen que saber evolucionar. Como plantea el presidente de CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, en sus reflexiones personales sobre la patronal, “la imagen que traslada la confederación, interna y externamente, debe adaptarse a las nuevas realidades, con criterios de modernidad, eficacia y utilidad”.
Debe preguntarse qué servicios puede ofrecer a las empresas para defender legitimamente sus intereses y que vean en la patronal una alianza útil, y no sólo el pago de una cuota y una fuente de documentación. Su propuesta de convertir a la Confederación “en un verdadero lobby [grupo de influencia] frente a las Administraciones, como quieren los empresarios” no debe inducir a quienes se resisten a la reforma a suponer que Díaz Ferrán sólo está pensando en las grandes compañías, en detrimento de la mediana y pequeña empresa. Sociedades como Telefónica, Iberdrola, Repsol o Banco Santander, por poner algunos ejemplos, se bastan por sí solas para influir en sus sectores. Bien lo sabe Díaz Ferrán, que es un gran empresario.
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