|  Última actualización 14:54
Haga Expansión.com su página de inicio | Agregar a favoritos
Economía y política
IBEX 35: 11.735,50 (-2,04) Valores: ABENGOA 17,28 (-1,20%) | ABERTIS 14,46 (-2,17%) | ACCIONA 137,60 (-0,22%) | ACERINOX 13,12 (-1,65%) | ACS 29,02 (-2,19%) | BANCO POPULAR 8,10 (-3,69%) | BANCO SABADELL 5,23 (-2,61%) | BANESTO 9,61 (-4,38%) | BANKINTER 6,77 (-5,05%) | BBVA 11,89 (-3,33%) | BME 23,30 (-1,98%) | CINTRA 6,96 (-0,71%) | CRITERIA 3,73 (-2,10%) | ENAGÁS 16,58 (-1,54%) | ENDESA 28,93 (-2,53%) | FCC 34,38 (-3,35%) | FERROVIAL 36,11 (-1,61%) | GAMESA 31,14 (+1,40%) | GAS NATURAL 35,08 (-1,02%) | GRIFOLS 19,78 (+0,00%) | IBERDROLA 8,40 (-0,47%) | IBERDROLA RENOVABLES 4,50 (+1,58%) | IBERIA 1,36 (-0,73%) | INDITEX 27,62 (-2,23%) | INDRA 16,43 (+0,06%) | MAPFRE 3,04 (-4,40%) | OHL 20,00 (-2,06%) | RED ELÉCTRICA 39,06 (-0,86%) | REPSOL YPF 24,29 (-0,33%) | SACYR VALLEHERMOSO 17,18 (-0,64%) | SANTANDER 11,39 (-3,88%) | TECNICAS REUNIDAS 49,17 (+1,36%) | TELECINCO 7,77 (-2,14%) | TELEFÓNICA 17,25 (-1,65%) | UNIÓN FENOSA 35,15 (-0,79%)

Expansión.com » Opinión

Conversaciones en mi oficina

Publicado el 16/05/2008, por Clara Ruiz de Gauna

Una vez, me dediqué a analizar las conversaciones que retumbaban en las paredes de mi oficina. Además de divagar sobre cuestiones sentimentales y cualidades físicas de la humanidad que nos rodea; aparte de quejarnos sobre la cantidad de trabajo que acumulamos y sobre el insufrible grado de estrés que soportamos, nuestros diálogos ideales se centran en criticar.

Y, dentro de nuestras murmuraciones favoritas, nos gusta muchísimo meternos con las maneras que tiene la empresa de hacer las cosas. Es normal oír cosas parecidas a éstas: "Entiendo que haya que hacer ese proyecto, pero yo nunca lo hubiera hecho así". "Estaba claro que iban a tumbar el informe; yo, en vez de empezar por la a, hubiera empezado por la z".

En los pasillos, todos nos convertimos en brillantes gestores. Todos haríamos las cosas de una manera mucho más fácil y mejor. Todos conocemos la fórmula con la que la empresa ganaría más dinero. Para todos, está clara la solución que nos permitiría trabajar de 8 a 3 aumentando la productividad. Todos podemos enumerar las personas prescindibles y los trabajos inútiles. Todos consideramos obvio el método perfecto para evitar una reestructuración. Todos vemos factible un convenio con subidas de sueldo generalizadas. Todos sabríamos encontrar la mejor manera de despedir a un compañero sin traumas y para todos sería muy sencillo contar hasta diez antes de empezar una bronca.

Por eso, resulta extraño que, en el momento de la verdad, la implicación del personal sea casi nula. Me acuerdo que, una vez, a mi jefe se le ocurrió la idea de instalar un buzón en la oficina para que todos, apoyados en la valentía del anonimato, pudiéramos aportar iniciativas nuevas destinadas a mejorar. Creo que nadie se esforzó en escribir ni un simple mensaje. En otra ocasión, mi empresa diseñó un concurso de ideas. Los empleados presentarían propuestas; la mejor se premiaría y, además, se aplicaría. No sé en qué quedó todo. Sólo recuerdo a dos compañeros entusiastas empeñados en aportar su granito de arena en medio de las burlas del resto.

Nadie conoce mejor la empresa que quienes trabajan en ella. Las mejores ideas están ahí, justo a nuestro lado. Como la de aquel empleado de Bimbo, que inventó el pan sin corteza e hizo triunfar a su empresa; o como la de aquel franquiciado de McDonald’s, que puso un filete encima de otro y dio forma al superventas Big Mac; o como Art Fry, un empleado de la multinacional 3M que creó los revolucionarios Post-it; o como el trabajador de Endesa, que propuso que se utilizaran perros para detectar el olor que emite un cable de alta tensión sobrecalentado.

Si las mejores ideas las tenemos nosotros, ¿por qué dejamos que sean los de fuera quienes revisen nuestros métodos laborales?a analizar las conversaciones que retumbaban en las paredes de mi oficina. Además de divagar sobre cuestiones sentimentales y cualidades físicas de la humanidad que nos rodea; aparte de quejarnos sobre la cantidad de trabajo que acumulamos y sobre el insufrible grado de estrés que soportamos, nuestros diálogos ideales se centran en criticar. Y, dentro de nuestras murmuraciones favoritas, nos gusta muchísimo meternos con las maneras que tiene la empresa de hacer las cosas. Es normal oír cosas parecidas a éstas: "Entiendo que haya que hacer ese proyecto, pero yo nunca lo hubiera hecho así". "Estaba claro que iban a tumbar el informe; yo, en vez de empezar por la a, hubiera empezado por la z".

Enlaces Relacionados

Comentarios

  1. Eva (Autor sin e-mail publico) el 17 de Mayo de 2008 a las 01:34 ( aviso al moderador )


    Estimada Clara,

    he leído por casualidad su texto y no puedo estar más de acuerdo con su contenido.

    En mi experiencia profesional han sido numerosas las ocasiones en que he podido escuchar esos comentarios de pasillo; pero tampoco han sido pocas aquellas en las que sólo se han obtenido silencios e incluso cierto desprecio cuando se ha sugerido mostrarlos y analizar la posibilidad de llevarlos a la práctica.

    Aunque yo misma me refería a la "voz" en un breve artículo que recientemente he publicado en www.diazdeneirayasociados.com, donde trabajo, quizá es precisa también una reflexión acerca del pasotismo y la indiferencia de muchos empleados con quienes se proponen darles la importancia que merecen.

    Saludos.

Datos personales


Expansión Promociones© 2008. Madrid. Unidad Editorial

Expansión.com: Atención al cliente - ¿quienes somos? - Publicidad - Aviso legal - Press Clipping - Mapa del Web
Socios: Financial Times

Powered by Telefónica - AKAMAIExpozaragoza 2008Canal SI