Publicado el 21/05/2008, por Manuel del Pozo
Te haces pasar por Santa Claus, consigues una dirección en el Polo Norte (Alaska) y cobras a los padres amantes de sus hijos diez dólares por responder a las cartas de los peques.
¿Le parece una buena idea? No se emocione, el invento ya está patentado. Byron Reese lanzó SantaMail, consiguió responder 200.000 cartas y con los dos millones de dólares obtenidos abandonó el Polo Norte para irse al Caribe con Curro.
Sigamos pensando en ideas para no sucumbir a la crisis. Vender gafas de sol... ¿Una invento estúpido? De eso nada, porque Doggles las reparte por todo el mundo y son muchas las clínicas veterinarias que las venden. Siempre hay perros y gatos coquetos. Pero para presumida, Christie Rein, una madre de 34 años, que se sentía fatal por llevar los pañales en bolsas poco estéticas. Decidió crear unas fundas especiales para pañales con diseños artísticos y originales. Ahora vende, a través de Diapees & Wipees, más de 20 modelos y factura 300.000 euros.
Hasta el padre McKoy fue capaz de dar el pelotazo. Tuvo una revelación y decidió no volver a pagar precios abusivos por cada cartucho de impresión. Puso a todos los monjes de su abadía a fabricar cartuchos de tinta y hoy ingresa 3 millones de euros a través de Laser Monks.
En algún lugar tiene que estar el artilugio que nos saque de pobres. El Tom-Tom y el Parrot ya están inventados; a Steve Jobs se le ha ocurrido antes que a nosotros el i-Pod y el i-Phone; Paquito el chocolatero -la canción que más derechos de autor produce en España- se compuso hace 50 años; ya ni siquiera podemos hacer de Chiquilicuatre; y todavía, si tuviéramos la planta de Cayetano Rivera Ordóñez podríamos cobrar como él 100.000 euros por acudir a una fiesta.
A ver si la crisis alumbra nuestra mente. La gente va a empezar a tener dificultades para pagar la hipoteca. ¡Ya está! Nos vestimos de zorro, de monje, de torero o de tuno y le quitamos el mercado al Cobrador del Frac. Pero será difícil competir con Blanca, Carolina y Marina, unas mujeres de armas tomar que han creado la empresa de cazamorosos Daar. Imagínense al moroso en su oficina, al que de repente se le presentan varias mujeres estupendas reclamándole una deuda. Al final paga lo que debe, hasta con intereses.
¿Y si ponemos una tienda? Podemos hacer como Marta Guerrero, propietaria de un establecimiento de complementos ubicado en la céntrica calle del Ferial de Soria. Colocó en el escaparate a su profesor de capoeira, una especialidad brasileña que mezcla danza y técnicas de defensa personal. El joven brasileño, que posa en el escaparate con el torso desnudo y lleno de collares, causó furor entre los sorianos, hasta el punto de que la ciudad vivió los mayores atascos de su historia. Todas las mujeres paraban el coche en medio de la calle para ver el espectáculo.
También podemos mirar al sector inmobiliario. ¿No dicen que la crisis ofrece buenas oportunidades? Usted, como yo, habrá visto miles de carteles de "Se Vende" por las calles. Podemos meter todos los pisos en una bolsa y dedicarnos a comercializarlos por días o por semanas. Los ofertamos por zonas a través de varias webs (www.vamosavalencia.com o www.vamosamadrid.com), en las que incluimos información turística. Para nuestra desgracia, también está inventado por los señores de Apartorent.
Si usted tiene la desdicha de ser periodista, como yo, lo tiene crudo para hacerse millonario, pero no desespere. A un antiguo colega del diario El Mundo se le ha ocurrido hacer reportajes personalizados, aunque un tanto tétricos. Jorge Escohotado estaba especializado en escribir obituarios en el periódico, y ahora acaba de fundar la empresa Memoralia, que ofrece reportajes laudatorios sobre nuestros seres queridos cuando fallecen. Se puede elegir entre una amplia gama de obituarios, desde el impreso al audiovisual, y su coste va desde los 250 euros a los 2.500 euros, que es lo que cuesta una biografía de gran lujo con caligrafía manuscrita.
Lo que inventan... Algún día llegará nuestro momento. Con la que está cayendo, lo mismo sería un buen negocio instalar un puesto de navajas a las puertas del congreso del PP.
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