A pocos meses de cumplirse un año de la creación de la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) –surgida de la unión de los antiguos Servicios y Tribunal de Defensa de la Competencia– el balance de su actividad arroja un ritmo frenético. Especialmente en el capítulo de inspecciones.
Las históricas reivindicaciones de recursos y herramientas para inspeccionar los ataques al libre mercado se han convertido ahora en expedientes que afectan a los principales sectores de la economía. Desde el mes de septiembre de 2007, la CNC ha realizado más inspecciones a empresas que en los tres años anteriores, aunque todavía queda por ver el balance de éstas en sanciones o medidas correctoras.
La independencia del nuevo organismo presidido por Luis Berenguer también le ha dado alas para agilizar las denuncias pendientes, de manera que su control sobre los acuerdos dudosos entre empresas se convierta en un elemento desincentivador más. Sólo en el primer semestre de este año, las sanciones impuestas por prácticas anticompetitivas superan en nueve millones de euros a las de todo el ejercicio de 2006. En la CNC confían en que la aplicación del novedoso programa de clemencia –para premiar a los delatores– aporte eficacia a su labor. Pero, además, cabe esperar ahora que Competencia no olvide que no sólo las empresas dificultan el libre mercado, sino también el exceso de regulación o la escasa competencia en algunos sectores.
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