La liturgia política para adecentar la unidad electoral del Partido Demócrata norteamericano, tras la dramática confrontación de los dos últimos aspirantes a la nominación como candidatos, ha tenido en la Convención de Denver, con la intervención de Hillary Clinton, una plasmación brillante y proporcionada a lo que fue la tensa confrontación entre ésta y Barack Obama, la figura que ha prevalecido.
En el propósito cicatrizante de la Convención no podían faltar, como último bálsamo en la restauración de la unidad política del partido, andanadas de ritual contra el candidato republicano, John McCain, cuyo camino hacia las urnas de noviembre no ha requerido, como ya es tradicional en los hábitos políticos respectivos durante las primarias, los ostensibles desgastes de los demócratas.
El flanco de presumida debilidad de Obama en lo tocante a la política exterior se hizo tan patente, para los propios votantes demócratas como para los demás, que fue, al cabo, la circunstancia que decidió la elección por éste de la figura del presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, Joseph R. Biden, para que le acompañara como eventual vicepresidente; una elección que, por dicho motivo estratégico, excluía para tal puesto a la ex primera dama de los Estados Unidos.
Ese fundamento objetivo de tal decisión explicaría el desenvuelto entusiasmo con el que Hillary Clinton ha hecho la apología de quien rivalizó con ella en la misma aspiración política. Pero no sólo eso. También da sentido al hecho de que su marido, el ex presidente Bill Clinton, no comparezca en el momento final de la Convención de Denver, puesto que la elección, por parte de Obama, como posible vicepresidente se correspondería con el papel –en política exterior– que hubiera desempeñado el propio ex presidente en el caso de que hubiera sido la esposa de éste quien venciera en las primarias del Partido Demócrata.
En todo caso, el debate sobre tales capacidades de los aspirantes a la Casa Blanca tiene una relevancia insospechada cuando arrancaron las elecciones primarias. La crisis actual en las relaciones Este-Oeste, por causa de Georgia, ya proyecta su sombra sobre las urnas presidenciales del próximo noviembre.
© 2008. Madrid. Unidad Editorial Internet, S.L.
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