Publicado el 08/05/2008, por Escribe Amaia Ormaetxea
El lehendakari envía una carta al presidente del Gobierno urgiéndole a mantener un encuentro el domingo. Moncloa pone como fecha para la reunión el 20 de mayo.
En Ajuria Enea ya tienen fecha para el encuentro con el presidente del Gobierno. El lehendakari del Gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, llevaba esperando hacía semanas una llamada de teléfono del presidente del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, para fijar la fecha de un encuentro cuyo guión ya está escrito: Ibarretxe instará a Zapatero a que acepte su hoja de ruta, mientras que éste le reiterará la oposición del Gobierno a la celebración de la consulta prevista para octubre y tenderá la mano al lehendakari para reformar el Estatuto vasco dentro de los límites que establece la Constitución.
Ibarretxe encontró ayer respuesta. Envió una carta a Zapatero ofreciéndole poner sobre la mesa una “propuesta de pacto abierto” y solicitando que se reuniese con él el domingo, aprovechando el viaje del presidente a Bilbao para celebrar la Fiesta de la Rosa. Sin embargo, en Moncloa confirmaron que el encuentro se realizará en Madrid el 20 de mayo. En Vitoria tienen prisa, ya que el 27 de junio expira el plazo prefijado por el Parlamento vasco para conseguir un acuerdo con el Gobierno que, previsiblemente, no llegará.
Lo que ocurrirá después es una incógnita que depende mucho de cómo maneje el PNV sus conflictos internos y sus desavenencias con sus socios en el Gobierno vasco, EA y Ezker Batua. En principio, los planes de Ibarretxe consisten en convocar la consulta incluso a pesar del rechazo del Gobierno, siempre y cuando el Parlamento vasco lo apruebe. Para ello, no obstante, necesita los votos del Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV). Sin el respaldo de la izquierda abertzale, el lehendakari se vería abocado a convocar elecciones para otoño y su candidatura a la reelección podría incluso ser cuestionada por el PNV, lo que daría al traste con su futuro político.
No es un escenario cómodo para el lehendakari, y menos para el partido que preside Iñigo Urkullu, pero no hay que olvidar que Ibarretxe es lehendakari gracias a EA y Ezker Batua, y estas dos formaciones están decididas a tensar la cuerda hasta el final.
El PNV, sin embargo, tiene mucho más que perder. El mal resultado cosechado en las pasadas elecciones generales y el espectacular ascenso de los socialistas vascos ha sumido a los jeltzale en un intenso periodo de reflexión. Urkullu quiere evitar un conflicto institucional con Zapatero, que podría perjudicar aún más los intereses electorales del PNV. Tampoco quiere que la consulta salga adelante con el apoyo envenenado de la izquierda abertzale.
Para Urkullu, la única salida honrosa a esta situación consiste en alcanzar un acuerdo con Zapatero que ahonde en el autogobierno vasco y que, incluso, podría dejar la puerta abierta al derecho a decidir. La iniciativa de la consulta está abocada al fracaso, y una cita electoral en otoño apenas dejaría tiempo al PNV para reorganizarse e idear una estrategia que le permita recuperar a los votantes perdidos.
En esa dinámica de acercamiento con los socialistas se enmarcan los acuerdos entre ambas formaciones para instar a los alcaldes de ANV a condenar el terrorismo y presentar, en última instancia, mociones de censura contra los mandatarios municipales de la izquierda abertzale. Esas iniciativas han hecho aguas, sin embargo, porque ni EA ni Ezker Batua han apoyado estas iniciativas, lo que ha puesto en evidencia la delicada situación por la que pasa el tripartito vasco.
La propia portavoz del Gobierno de Vitoria, Miren Azkarate, lo reconoció hace pocos días: “Las desavenencias son públicas y habrá que intentar reconducirlas, eso corresponderá a quien corresponda”. Previamente, hace escasamente una semana, el diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao, aseguró que el tripartito “ha caducado” y “no garantiza la gobernabilidad”. Un día después, durante un acto con medios de comunicación en Madrid, Urkullu culpó a EA y Ezker Batua de los problemas que sufre el tripartito y les acusó de no tener una “especial voluntad de relación con el PNV”.
Los nacionalistas moderados ven en esta crisis el final de una etapa. Si el PNV consigue ganar las próximas elecciones autonómicas, deberá replantearse su política de alianzas. Aunque en el partido son muchos los que piensan que el partido lo va a tener muy difícil para evitar el triunfo del PSE de Patxi López.
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