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Publicado el 12/05/2008, por
No es probable que la decisión de Repsol YPF y Shell de abandonar su macroproyecto gasista en Irán vaya a tener un efecto inmediato en bolsa.
En primer lugar, porque era un desenlace previsto por muchos ante la presión de Estados Unidos para que las compañías energéticas no inviertan en Irán. Repsol YPF y Shell tienen amplios negocios en Estados Unidos que no pueden poner en riesgo por la aventura iraní. La segunda razón para que la renuncia al proyecto no pase factura en bolsa es que se trataba de una iniciativa a muy largo plazo, que no se hubiera traducido en ingresos para las empresas hasta dentro de diez años.
Pero en cualquier caso, la saga iraní vuelve a poner de manifiesto el gran problema que tienen las multinacionales petroleras privadas para asegurar su crecimiento futuro. Las reservas de gas y petróleo que faltan por explorar están en su mayoría en países políticamente inestables. En unos casos, como en Bolivia, Venezuela o Argelia, son los Gobiernos los que hacen difícil la vida a las petroleras extranjeras e incluso nacionalizan sus activos.
En otros países, como Irán o Cuba, el problema reside en que la inversión foránea puede servir sólo para reforzar a gobiernos autoritarios, lo que crea un dilema. Repsol YPF deberá centrar ahora sus esfuerzos por reponer sus menguadas reservas de hidrocarburos en tres países en los que el entorno es más propicio: Brasil, donde existen grandes esperanzas en unos yacimientos de gas; Perú, donde va a desarrollar un proyecto de exportación de gas; y las aguas estadounidenses del Golfo de México, donde la empresa española ha realizado varias adquisiciones para producir petróleo.
© 2008. Madrid. Unidad Editorial
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